Descrizione
Estratto
Partendo da un contesto latinoamericano dove la comprensione esistenziale dello Spirito è prevalente, l’autore sottolinea il necessario riferimento alla pneumatologia sistematica per delineare un’antropologia trinitaria. Muovendo da una descrizione delle caratteristiche dello Spirito Santo nella sua relazione con Gesù, l’autore prova a concentrare l’attenzione sulla posizione dello Spirito Santo nella vita immanente del Dio Triuno in modo da proiettare l’impatto di queste nozioni su una rinnovata antropologia, basata su due pilastri: l’identità aperta e la divinizzazione come umanizzazione.
Parole chiave
Spirito Santo; America Latina; Pneumatologia sitematica; identità aperta; divinizzazione come umanizzazione
Abstract
From a Latin American context, in which the existential understanding of the Spirit predominates, the Author highlights the necessary reference to systematic pneumatology in order to sketch a trinitarian anthropology. Moving from a description of the Holy Spirit’s features in its relation with Jesus, the Author focuses attention on the position of the third person in the immanent life of the triune God in order to project the impact of these notions on a renewed anthropology, one built on two pillars: open identity and divinization as humanization.
Keywords
Holy Spirit; Latin America; Systematic Pneumatology; Open Identity; Divinization as Humanization
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Los gemidos y primicias del Espíritu, según el documento resultante de la Conferencia Episcopal de Medellín1, están presentes en los sufrimientos y las esperanzas de las transformaciones que animaron la vida de la iglesia latinoamericana desde la mitad del siglo XX. Desde entonces, el emerger eclesial del pueblo de este subcontinente es percibido como la recepción del Concilio Vaticano II, especialmente de su carácter pentecostal2.
Las claves que permiten esta lectura son muchas: la acción liberadora que reemplaza la pasividad de los sometidos, la conciencia de libertad respecto de la potencia opresora, la fuerza de la palabra que reemplaza el mutismo resignado de los vencidos, la acción transformadora del evangelio que toca la dimensión social del pueblo y lo promueve hacia una vida intregral e integrada, la recuperación de la historia como espacio de la experiencia de Dios, etc. En el fondo de la praxis latinomericana subyace dinámicamente la tercera persona de la Trinidad impregnando la historia y abriéndola desde dentro a la trascendencia3. Por esta razón un texto fundamental de esta tradición invita a beber del propio pozo4, dando por sentado el carácter radicalmente teologal de esta teología contextuada5.
Dicho esto, muchos autores coinciden en el predominio de una comprensión del Espíritu de corte vivencial6. La reflexión sistemática sobre el “Des conocido más allá del Verbo” se encuentra todavía en estado larvario7, y esto se debe en parte a el carácter “evasivo”8 del objeto material de este potencial estudio, en parte a la lógica dependencia que esta disciplina tiene respecto de la teología trinitaria, cuyo estadio de madurez luego de su explosión creativa9 en el siglo pasado está apenas asentándose. Se agrega a esta cuestión el talante “ortopráctico” que ha mostrado siempre la teología latinoamericana, decididamente más orientada al aquí y ahora como escenario propio de la historia de la salvación, que a la teo-logía entendida de forma clásica como la vida de Dios en sí mismo. Más liberación que especulación, y en todo caso: especulación para la liberación.
Pero lo cierto es que la circulación hermenéutica entre historia y teo-logía hace al mismo dinamismo interno de la inteligencia de la fe. Si es cierto que en estas latitudes no se puede hacer teología fecunda sino es a partir de la revelación concreta del Crucificado en los crucificados, (historia de salvación) también es cierto que este primer contacto y conocimiento nos dice algo de lo que Dios es en sí mismo (teo-logía). Contemplando estos dos polos inescindibles, hemos de decir con G. Lafont10, que en la dimensión más teórica y especulativa de la teología estriba la posibilidad de interpretar y expresar más auténticamente la manifestación de Dios en la historia.
El ritmo anábico y catábico del pensar teológico es simultáneamente cristológico y pneumatológico. Es en el misterio del Verbo encarnado (GS 22), en su estructura calcedónica, que se nos revela la clave hermenéutica11 del hombre y la creación entera. Y es pneumatológico por dos motivos: porque el Espíritu es el único horizonte en el quién nos encontramos con Cristo, y porque le es propio conducirnos hacia la plenitud de la Verdad (Jn 16,12-14), a su anchura, longitud y profundidad (Ef 3,18).
Y esto tiene particular interés para nosotros, dado que en este caso que nos ocupa objeto y actor del movimiento teológico coinciden: si hemos de considerar al hombre en su relacionalidad trinitaria, su existencia como nueva creatura en el Espíritu es la premisa fundamental. Esto implica asomarnos a los rasgos del Espíritu en su relación con Jesús (1), barruntar luego su posición en el misterio de Dios trino (2) para finalmente posar la atención sobre el hombre a fin de constatar el impacto de algunos de los rasgos relevados en su comprensión trinitaria.
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